El Mariscal

 

El juego del Betis de Setién me ha hecho recordar a Muhren.

Han tenido que pasar treinta o cuarenta años para regresar

al Villamarín el gusto del balón jugado desde atrás.

Muhren ganó 3 Copas de Europa con el Ajax de su época,

esa escuela que dio lugar a Cruyff,

que dio lugar al Barsa, que dio lugar a Guardiola,

que dio lugar a Xavi e Iniesta,

que dieron lugar a la mejor Selección que ha parido España

a través de la Historia,

esa escuela que ha regresado a nosotros de la mano de Setién.

A continuación, un artículo que publiqué en ALFP en octubre de 2011,

con ocasión de la útima visita de tan gran pelotero al Villamarín.

Muhren fallecería dos años más tarde.

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Hoy se me ha escapado una lágrima furtiva.

Entre líneas, leo que Muhren, El Mariscal, ha visitado nuestro estadio.

Y yo me pregunto: ¿Se avisó por megafonía?

¿Se levantaron los espectadores y el estadio tronó en una larga ovación?

Un club histórico como el nuestro ha de honrar a los predecesores.

Recordar la historia, honrar a sus personajes,

no significa estar anclados en el pasado,

sino más bien sembrar para el futuro.

Recordar a Muhren es recordar al que fue, a mi juicio,

el mejor Betis de la historia,

el Betis de la época de Rafa Iriondo.

Muhren llegó al Betis con la treintena a sus espaldas.

O sea, al final de su carrera.

Pero amigo, cuando hay clase, hay clase.

La elegancia ni se compra ni se adquiere, se nace con ella.

Procedente de la idea del Ajax del fútbol total,

había lucido en dicho club el dorsal 9,

arrebatándoselo a Cruyff por ausencia de éste,

que a partir de entonces lució el 14.

Recuerdo su medio melena muy moderna para aquella época.

Quien lo vio jugar pudo contemplar dos cualidades

que rara vez se unen en un jugador: mando y clase.

De ahí su apodo de El Mariscal, como le llamábamos.

Cruyff, anteriormente, le llamaba El Maestro.

Podía jugar en el centro y en la izquierda,

con características ofensivas o defensivas,

según los requisitos del partido,

aunque en el Betis yo más bien lo vi defendiendo,

quizás por la edad con que llegó.

Incapaz de sacar un balón a lo loco,

prefería parar, templar y mandar,

aunque no tuviera a nadie a sus espaldas.

Al comienzo de su carrera en el Betis, esa característica suya

hacía que la grada enmudeciera con temor al verle regatear al delantero, templar la pelota y colocarla como solo él sabía.

Cuando ya lo fuimos conociendo, enmudecíamos no de temor,

sino de asombro.

Déjenme citarles una de las alineaciones del Betis de aquella época.

Quizás sea la única que conservo en la memoria:

Esnaola; Bizcocho, Sabaté, Biosca y Benítez (era la defensa de los B);

López, Muhren y Cardeñosa;

García Soriano, Hugo Cabezas y Gordillo.

En la época, se solía jugar de la siguiente manera:

En defensa, dos laterales, un central y un libero.

El centro del campo era más impreciso que en la actualidad,

con uno jugando por el centro y dos por las bandas,

no había tanta diferencia entre centrocampista ofensivo

y centrocampista defensivo.

En la delantera, uno para pescarlas y dos por los extremos.

La línea central no era tan precisa y marcada como la actual.

El último partido que le recuerdo fue el del Milan en el Villamarín, año 77.

Muhren salió en los últimos minutos sustituyendo a Cardeñosa

y con idea de congelar un resultado que se nos presentaba favorable.

Cierro la entrada con una frase del propio Muhren, una vez retirado:

“Esta afición es la mejor del mundo. Sabe sufrir y gozar como nadie”

Lo dicho: hoy se me escapó una lágrima furtiva.

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