Crónicas Caprinas: Betis-Dépor

El partido se puede resumir perfectamente en pocas líneas: en el Villamarín se disputó un partido entre un equipo con mucho miedo a perder y otro que vino a mantener su puerta a 0.

El Betis salió a no perder, la premisa era esa… y el Depor, sin Lucas Pérez, vino a que no le metiesen uno, porque sin el talentoso delantero no tiene pólvora.

Así se puede resumir cualquier partido en el que el más destacado del Betis es Petrós y en el equipo contrario su defensa central (Sidnei).

Poyet, mucho me temo, aún no sabe lo que ha evolucionado la liga española desde su marcha. Ahora los equipos son muy rígidos, super-encorsetados, 11 laboriosos que renuncian a cualquier atisbo de genialidad ante el sistema. Y es que no hay otra cuando 18 equipos terrenales compiten en una liga desigual, en la que pocos van turnándose las migajas que dejan los dos gigantescos trasatlánticos; Madrid y Barça.

Hace mucho que un equipo que no sea Madrid, Barça y bastante menos el convidado de turno (ahora mismo el Atlético, como antes fueron Valencia, Sevilla, Villarreal, ect…) disfruta de un poeta del balón en sus filas. Ahora la premisa es otra. Esta es una liga que brilla en los banquillos, no en el césped, desafortunadamente.

Y si por cualquier guiño del azar un equipo terrenal tiene la suerte de pulir una joya en su cantera: tarda lo mismo que un caramelo en la puerta de un colegio en desaparecer por los dineros de los dos trasatlánticos, los trasatlánticos ingleses y los habituales del viejo continente.

Aquí prima un fútbol de supervivencia, nada que ver con la espectacular Premier, que es aberrante porque por mucho que firmen poetas; allí no saben de otra cosa que el patadón y tentetieso. Aquí priman las 11 hormigas obreras luchando en inferioridad ante verdaderas selecciones mundiales como son los dos grandes. En inglaterra hasta un recién ascendido tiene argumentos, el forma de futbolistas caros, para tumbar al City, al United o al Chelzi.

A pesar de haber subido bastante la calidad de la plantilla (tenemos ahora mismo 6 internacionales absolutos -Durmisi, Gutierrez por la campeona de América, Sanabria, Mandy, Zozulya más el recién fichado Brasanac, y dos sub 20 -Ceballos y Musonda-. El año pasado sólo teníamos a NDiaye que dejó de ser convocado por su selección en detrimento de otro) aún estamos muy lejos de poder presumir de algún poeta en nuestras filas… y así es más difícil.

Poyet aún tiene ne la cabeza conceptos de la Premier, y desconoce el percal con el que se tapan las miserias en la liga española. Puede costarle la cabeza como no espabile pronto.

Es más, diría que los futbolistas son conscientes de la enajenación inglesa de Poyet y hacen lo que una afición ansiosa y disparatada como al nuestra le pide desobedeciendo al míster… a nosotros, los aficionados béticos, nos comen las ansias por tener otra vez poetas, por ser el que se come las migajas de Madrid y Barça y, por qué no, por el éxito de los vecinos de enfrente, que tienen que reinventarse año tras año tras el constante desvalijo de sus poetas por parte de los trasatlánticos.

Es un proyecto nuevo, y no es cuestión de darle un par de partidos o tres, o 12 días, o un mes… hay que encajar demasiadas piezas en el puzzle, comenzando por el banquillo.

Si en el primer partido me pareció de chiste el planteamiento ante el Barça, intentando frenar al gigante en la media con 5 piezas, obviando de la precisión quirúrgica en el pase de los medios de Barça, que con esa virtud compensan sobradamente el ser minoritarios sobre le tapete. Dejando a Petros de apagafuegos en la zona cuando lo que tenía que estar haciendo es leña con los tobillos de Messi para encender la fogata de la sorpresa. Poniendo a Cejudo de falso lateral sabiendo de la queriencia de Arda por abandonar la banda y enfilar hacia dentro… dejando la banda desguarnecida ante el fabuloso recorrido de Jordi Alba, ect… se creyó Poyet que ésto es la Premier, que dirigía al Stoke en lugar del Betis y que en frente estaba el City. Y claro, nos cayó un chuzo de los que le caen a cualquiera que va a a hacer lo que no debe, ni sabe, al Camp Nou.

La cruel derrota y la ansiosa afición dieron un punto al Depor. Porque Poyet planteó un sistema más cabal frente a los gallegos, pero renunciando a las bandas (en el instante que pones a un Joaquín con 34 tacos en lugar de Musonda o Nahuel es que renuncias a hacer daño por fuera), dando consistencia física en la media con Fabian, al que quiere reinventar como un Jonas Martin 2.0, en lugar de la creatividad de Ceballos y fijando a los laterales en defensa, que subieron mucho menos de lo que hemos visto en pretemporada. El resultado fue el que no tenía otra posibilidad de ser: 0-0 entre bostezos al principio, y pitidos al final.

Si se ha confiado en Poyet y el nuevo proyecto: por favor, denle tiempo que no lo ha tenido. La pretemporda,a los partidos de artificio de julio y agosto, aunque útiles para engranar las piezas, no son determinantes. Dónde aparecen las carencias y debilidades es cuando se compite de verdad, por los puntos… ahí es cuando se ven los toros desde la arena y no desde la barrera. Ahí es cuando nos sueltan el Miura y no la escualida vaquilla con un buen puñado de suplentes en el pellejo… y al Betis, a este Betis, le hacen falta muchas corridas con banderilleros y muleta antes de darle la aternativa del capote de seda y el reconocimiento de maestro o simplemente despedirlo con un “usted no vale para ésto”.

No me hace ni puta la gracia que la situación natural y lógica de este equipo sea usada como arma arrojadiza en la eterna guerra que diezma al país de los béticos desde hace tanto tiempo. Puedo llegar a perdonar la ansiedad, pero no la mala fe… porque, mande el que mande, los que visten las 13 barras siguen siendo el equipo de TODOS los béticos.

En fin… y el destino, caprichoso como él sólo, nos ofrece un partido de altísima tensión en Mestalla, con un Valencia inmerso en un suddoku chino que los trae locos. Esperemos que para entonces Poyet, de una vez, se haya enterado que estamos en Sevilla y no en Essex.

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